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El día de ayer miles marchamos en contra de las violencias machistas, denunciando al mismo Estado que desapareció a los 43 compañeros normalistas de Ayotzinapa. El día de ayer se lo denunció por feminicida, denuncia que no lo absuelve de todas las anteriores ni de las que va acumulando.agresion

¿Qué fue lo que pasó?

Durante la marcha, un grupo de compañeras trató de pintar el ‘anti’ monumento de los 43, que es en realidad un monumento tal cual; un monumento al olvido, al estado genocida, un monumento a la pasividad de la mayoría; un pedazo de fierro que está ahí sólo para recordarnos lo impotentes que somos frente al Estado. Algunxs dirán que está ahí a manera de denuncia, que increpa al Estado y demás. ¿Lo hace? Y si lo hace, ¿tiene algún efecto sobre el Estado y su accionar frente a la desaparición de los 43? A quienes nunca protestan, les importa muy poco el ‘anti’ monumento, con él y sin él han sido y siguen siendo indiferentes; a quienes protestamos nos recuerda que los compañeros siguen desaparecidos y nos calma la rabia. “Al menos logramos que se pusiera y mantuviera un ‘anti’ monumento en su honor”. Y ya con eso muchxs se conformaron, o al menos se relajaron. Para mí es un símbolo de la impunidad que todxs posibilitamos.

Dos o tres hombres defendieron el ‘anti’ monumento, hubo golpes, jalones y empujones. El ‘anti’ monumento no fue pintado pero a sus pies se lee “Nosotras no somos Ayotzinapa”. Y no, no lo somos. No somos 43 desaparecidas, somos 6 diarias y miles acosadas y abusadas sexualmente. Y no, no tenemos un monumento a la víctima. ¡Y qué bueno! Nosotras no somos Ayotzinapa cuando Ayotzinapa no es nosotras.

Si este monumento es una exigencia simbólica de justicia ante la desaparición forzada, ¿por qué no podría abrazar la denuncia de las miles de mujeres desaparecidas? Si es un grito de justicia ¿por qué no puede gritar por las que ya no tienen voz ni pezones ni cabeza ni familia, por las que ya no tienen vida?

pussyCuando nosotras, las feministas, colaboramos ofreciendo e interviniendo nuestros cuerpos con pintas del número 43; cuando vulneramos nuestros cuerpos desnudándolos en las marchas de los 26 de cada mes, nadie nos previno de hacerlo, nadie sintió que nuestros cuerpos no eran lugar para la causa, y de pura solidaridad, los convertimos en ello. Cuando se sentía que faltaban los espacios para expresar la indignación y las exigencias de justicia y presentación con vida de los compañeros normalistas, nosotras convertimos nuestros cuerpos en lienzos. Y por eso, nos golpeó la policía. Escapando de ellos, nos raspamos las espaldas y los hombros desnudos. Nuestros cuerpos no les eran, no les son, monumentos en Reforma intransgredibles, son cuerpos de mujeres, prescindibles y ¡total! históricamente violentados, nada nuevo.

¿Por qué, entonces, el ‘anti’ monumento no puede convertirse en lienzo (aunque fuera temporalmente) para nuestros gritos de justicia, para las que también estamos siendo aniquiladas por el mismo Estado que un día aniquiló a los 43?

Un pedazo de fierro puede repintarse y seguir siendo el mismo. Una mujer que se pinta una consigna en el cuerpo desnudo nunca vuelve a ser la misma.

No tratamos de engrandecer una lucha en detrimento de otra. Tratamos de ocupar los pocos espacios (en cuya creación también contribuimos) disponibles para la expresión del dolor, el hartazgo y la indignación social.

ni una masPor otra parte, aprovecho este espacio para denunciar la imbecilidad policial de tantas personas que se han estado pronunciando en contra del hecho no culminado de la pinta de su ‘anti’ monumento (“SU”, por que lo entienden en el marco de la propiedad privada, y sobre tal fundamento lo defienden. “Esto es mío, no te lo presto para tu grito por justicia”). Cual policías andan vigilando, castigando, denunciando y chingando. Y todavía más sumidos en su abismo de estupidez, reproducen las prácticas de Televisa y otros medios masivos de comunicación al sobre visibilizar lo que a ustedes les parece el puntito negro del asunto. Exigiendo a la lucha feminista una congruencia de la que todxs carecemos, como si no entendieran que a luchar, se aprende luchando. Bola de LópezDórigas, señalando lo que ante su mirada estrecha se presenta como ‘errores’ o debilidades de causas y movimientos enormes, justos y dignos. Y aún peor que cualquier “televiso”, andan señalando y condenando algo que ni siquiera sucedió.

A los que, al más puro estilo de granadero de Mancera, ‘defendieron’ el ‘anti’ monumento, los quisiera ver defender de la misma forma los cuerpos que, igual que su cacho de fierro, hemos servido a tantas y tantas causas.

Fotografías: Itzel Suárez

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