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Por:  Héctor Chiñas

Dos noticias muy importantes en el ámbito político, el abandono definitivo de la lucha armada por parte de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) en el País Vasco, en España y Francia, y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el susodicho país sudamericano, han salido hace tiempo de las notas que hacen llamar de actualidad, pero considero oportuno y necesario detenernos a revisar estos acontecimientos, ya que habrán de cambiar la perspectiva que se tiene, más allá de los conflictos vasco y colombiano, de las tareas del pueblo en lucha a la hora de organizarse y tomar acciones contra el orden del capital.

    En textos anteriores, en particular, en el Ensayo correctivo, abordé los temas de las estrategias en la lucha y el terrorismo, partiendo de los postulados de Vladimir Lenin y de Noam Chomsky. Hoy voy a aterrizar estas observaciones de manera concreta en el caso de las deposiciones de armas de ETA y las FARC. Para empezar, Chomsky hace una advertencia en una de las entrevistas que se le ha realizado, recogida con el título de Disturbios internos, sobre la utilización de tácticas en la lucha política, mencionando la necesidad constante de evaluar éstas para renovarlas y evitar que un estancamiento de la estrategia termine por derruir un movimiento. Esto está en plena concordancia con lo establecido por Lenin un siglo antes, acerca de la necesidad de evaluar la lucha y sus estrategias de acuerdo al contexto concreto e histórico.

El marxismo… reclama que se preste la mayor atención a la lucha de masas en marcha, que… engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque.

exige incondicionalmente que el problema de las formas de lucha se enfoque históricamente.

Ya que hablamos de Lenin, es preciso recordar que condenó, en su momento, la utilización del terrorismo como forma exclusiva de lucha, puesto que denota una incomprensión de la dinámica real del grueso de la lucha, una subestimación de la capacidad del pueblo para luchar y un entendimiento de la revolución como un acto de espontaneidad primitiva (digo primitiva puesto que apela más bien a los instintos y las pasiones como desencadenantes de la lucha) y no como un trabajo orgánico, complejo y constante.

    Pasemos a hablar de ETA, organización surgida formalmente en 1959 bajo el principio de independencia del País Vasco, laicismo y democracia representativa, así como la defensa del idioma euskera como sello de identidad de los vascos. En 1965, Eta adopta la lucha armada como programa de lucha, y desde entonces recurrió a los atentados como mecanismo para presionar a España, la de Franco y la actual, y a Francia para lograr la independencia de las siete provincias del Euskal Herria, demanda histórica de la izquierda abertzale. Con el paso de los años, la acción de ETA terminó por polarizar no sólo las opiniones en torno al llamado problema vasco, sino a la propia población vasca, entre los simpatizantes y los detractores. En el año 2011, ETA anunció el cese definitivo al fuego, y en abril de este año se decretó formalmente una organización desarmada, al entregar su arsenal. Esto es, ETA desde este año utilizará nuevas formas de lucha para conseguir sus exigencias de independencia y reconocimiento al pueblo vasco.

    Del otro lado del Atlántico tenemos a las FARC, en Colombia. Las FARC, igual que ETA en el País Vasco, abanderan una exigencia histórica: en este caso, la lucha en defensa de la tierra, la cual ha impulsado organizaciones de lucha desde la década de los 20, y se ha fortalecido en los 90, con la implementación de las políticas neoliberales en el país sudamericano. Surgidas en 1964, las FARC, consideradas la guerrilla más antigua de América, se han enrolado en una lucha contra el Estado y contra los paramilitares, la cual ha traído como consecuencia un conflicto que ha generado una alta tasa de asesinados, desaparecidos y desplazados, además de que se ha visto fortalecido el narcotráfico en el país, debido a su participación indirecta en dicho conflicto. Tras varios intentos de negociación, el gobierno y las FARC acordaron y concretaron este año la paz, y la guerrilla se ha desarmado para dar paso a un partido político.

    En ambos casos, lo que observamos es la perpetuación de una táctica, el terrorismo y la vieja guerrilla, que a la larga ya no respondía al nuevo contexto social y político, tanto de sus respectivos países como del mundo, lo cual les impidió hasta hoy alcanzar sus objetivos, y, además, alejó al pueblo de las exigencias revolucionarias respectivas, justo lo contrario de lo que busca una organización revolucionaria, «tender la mano e involucrar a otros sectores de la sociedad», como explica nuevamente Chomsky. Pero, más importante, son organizaciones que han reconocido todo esto, y han abandonado esas tácticas, de forma unilateral en el caso de ETA, y tras varios procesos de negociación en el caso de las FARC. ¿Qué habrá inspirado este cambio en dos de las organizaciones revolucionarias más importantes de las últimas décadas? La respuesta probablemente esté en México.

    El EZLN es un claro ejemplo de una organización que ha sabido comprender desde el inicio la responsabilidad indeleble de evaluar de forma permanente las tácticas de lucha y de realmente hacer partícipe al pueblo de las exigencias revolucionarias. Después de un inicio típicamente guerrillero, y de la inevitable respuesta sanguinaria del Estado, la exigencia de paz por parte de la sociedad hizo cambiar a los zapatistas su estrategia, y lo han hecho de forma constante, de acuerdo al estado de la lucha en México y del gobierno, para saber conectar con el pueblo, con ese ímpetu y ese carisma ya propios de ellos. La decisión de respaldar a la vocera Marichuy, quien representará al Consejo Nacional Indígena en los comicios electorales del próximo año, vuelve a reafirmar esta naturaleza orgánica, dinámica e inteligente del EZLN. En este siglo XXI, la lucha consiste en organizar al pueblo desde abajo, comenzar a tejer las redes subversivas desde el barrio, el campo o el trabajo, y el éxito que ha tenido con el EZLN está impulsando a otras organizaciones en el mundo a reconocer esto, y hoy ETA y las FARC se suman como organizaciones que comenzarán (o mejor dicho, recomenzarán) la lucha desde abajo, sin doblegarse nunca al Estado, sin embargo, y con una actitud renovada, firme.

El fin del terrorismo está abriéndose paso; la idea de la liberación por parte de una cúpula, de un núcleo libertador, por medio del terror y la acción espontánea está quedando atrás. He ahí la importancia del desarme de ETA y las FARC: el deber de iniciar la ruptura desde abajo ha sido abrazado por ellos, un espíritu que ya está siendo abrazado también por otras organizaciones que aún conservan la vieja táctica, como el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK. Con ello, podemos renovar las esperanzas de lograr una mayor amplitud y alcance del eco revolucionario, de que más gente deje a un lado el miedo y la indiferencia, para lograr el cambio más trascendental al que ha de aspirar la humanidad.

Julio del 2017


1 Lenin, Vladimir I. La guerra de guerrillas. En Marx, Engels & Lenin. Marxismo y terrorismo. Grijalbo. México. 1970.

2 Chomsky, Noam. Disturbios internos. Entrevista realizada por David Bar-samian, En Chomsky, Noam (2013). Las sublevaciones democráticas globales: Entrevistas con David Barsamian; traducción de Enrique Herrando. Ediciones Pasado y Presente. Barcelona. 2013.

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