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Por: La VaGa

 

“Cuando alguien se muere se le tiene que dejar ir, pero cuando a alguien se le desaparece se le tiene que hacer volver”.

Así arranca el discurso de Ulises Martínez, normalista sobreviviente de la que ahora todos conocemos como “la noche de Iguala”, una noche que marcó nuestras vidas, de los que habitamos este país ensangrentado, los que recorremos sus calles pensando si es que llegaremos a nuestro destino, los que vemos un uniformado y sentimos miedo, las que vemos un hombre y cerramos los puños.

Al comienzo de toda esta historia, parecía imposible que los normalista no aparecieran ni vivos ni muertos. Sabíamos bien que las personas desaparecen en México, y día con día lo vivíamos más de cerca, pero no 43 de una sola vez. Y sabíamos también que Guerrero estaba a punto de estallar, pero no pensábamos que de esta manera. “Ellos destaparon la clase de gobierno que tenemos en este país, la clase de justicia, gracias a ellos la gente vio que nuestro país se estaba cayendo a pedazos”, dice Ulises y tiene razón. Tal vez no lo hemos pensado, o sí, o no todos, pero el detalle es que después de Ayotzinapa nada fue igual.

Esta historia descubrió lo peor de México, no sólo la corrupción, la ineficiencia y la omisión sino también el grado de desprecio a que han llegado los gobernantes de este país hacia los ciudadanos, cuando piensan que podemos creer cualquier mentira, que no nos daremos cuenta. Ayotzinapa descubrió un México donde nos cuentan que el fuego arde bajo la lluvia, y tienen el descaro de definirla “verdad histórica”.

Por eso dice Ulises que “es momento de que nosotros lo reconstruyamos como un nuevo México, que nosotros salgamos adelante así como lo estamos haciendo ahora con los sismos, que gracias a la población civil la gente está saliendo adelante, y que el gobierno, como el ejercito y con la complicidad de las instituciones de seguridad, están reprimiendo y no quieren que la gente se organice, porque saben que nosotros unidos somos ms fuertes, porque saben que no tenemos miedo y por eso ellos nos tienen miedo a nosotros”.

La verdad no sabemos si es que nos tienen miedo. Tal vez hayan llegado a un nivel de presunción en el que ya se creen invencibles y por eso piensan que pueden ocupar nuestros cuerpos como mejor les resulte, explotándolos, violentándolos, atormentándolos, desapareciéndolos. Sin embargo, serán invencibles sólo hasta que pensemos que lo son, y aquel día todavía no ha llegado.

“Ellos desaparecieron físicamente a los 43, pero no los van a desaparecer de nuestra mente y de nuestro corazón, porque mientras sigamos existiendo nosotros y mientras sigamos recordándolos, luchando por su presentación, ellos no están muertos y no están desaparecidos”.

No son sólo los estudiantes, padres y madres de Ayotzinapa quienes los recuerdan, con ellos también caminan lxs que luchan por la verdad y la justicia sobre Tlatelolco, Aguas Blancas, San Fernando, Tlatlaya, Acteal, la guardería ABC y todas las demás masacres, que ahora se pintan de morado al denunciar que también los feminicidios son crímenes de Estado. Porque “quien ve una injusticia y no la combate, la comete”, dicen en Ayotzi.

En estos tres años han pintado esta escuela ora como centro guerrillero, ora como seminario de monaguillos, pero la verdad es que aquel lugar es indefinible, con sus silencios, sus contradicciones, sus pasiones. Ayotzinapa visceral y disciplinada, cruel y burlona. Tres años han pasado y ahí sigue, y “morirá sólo el día que el último de sus estudiantes deje de luchar, pero mientras tanto, a que nos repriman, a que nos vengan a balacear, a que nos vengan a desprestigiar, aquí estaremos. Nosotros, la juventud rebelde”.

Esa noche no sólo fueron desaparecidos los 43, también fueron asesinados Julio César Mondragón Fontes, Julio César Nava Ramírez, Daniel Solís Gallardo y heridos de gravedad Edgar Vargas y Aldo Gutiérrez, quien continúa en estado de coma.

Desde la noche del 26 de septiembre de 2014, México no ha dejado de salir a las calles y, en San Cristóbal de Las Casas, la rabia de los familiares de Ayotzinapa se encuentra y une con la denuncia de las injusticias cometidas en todo el sureste. Mes con mes hemos estado gritando sus nombres y lo seguiremos haciendo hasta encontrarlos, ¡Porqué vivos se los llevaron, vivos los queremos!

  1. Abel García Hernández
  2. Abelardo Vázquez Peniten
  3. Adán Abrajan de la Cruz
  4. Antonio Santana Maestro
  5. Benjamín Ascencio Bautista
  6. Bernardo Flores Alcaraz
  7. Carlos Iván Ramírez Villarreal
  8. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
  9. César Manuel González Hernández
  10. Christian Alfonso Rodríguez Telumbre
  11. Christian Tomas Colón Garnica
  12. Cutberto Ortiz Ramos
  13. Dorian González Parral
  14. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz
  15. Everardo Rodríguez Bello
  16. Felipe Arnulfo Rosas
  17. Giovanni Galindes Guerrero
  18. Israel Caballero Sánchez
  19. Israel Jacinto Lugardo
  20. Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa
  21. Jonas Trujillo González
  22. Jorge Álvarez Nava
  23. Jorge Aníbal Cruz Mendoza
  24. Jorge Antonio Tizapa Legideño
  25. Jorge Luis González Parral
  26. José Ángel Campos Cantor
  27. José Ángel Navarrete González
  28. José Eduardo Bartolo Tlatempa
  29. José Luis Luna Torres
  30. Julio César López Patolzin
  31. Leonel Castro Abarca
  32. Luis Ángel Abarca Carrillo
  33. Luis Ángel Francisco Arzola
  34. Magdaleno Rubén Lauro Villegas
  35. Marcial Pablo Baranda
  36. Marco Antonio Gómez Molina
  37. Martín Getsemany Sánchez García
  38. Mauricio Ortega Valerio
  39. Miguel Ángel Hernández Martínez
  40. Miguel Ángel Mendoza Zacarías
  41. Saúl Bruno García
  42. Alexander Mora Venancio
  43. Jhosivani Guerrero de la Cruz
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