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Han pasado seis años desde  la masacre y la violación de derechos humanos cometida por la Policía Federal y Estatal.

El 12 de diciembre de 2011, dos normalistas de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa cayeron al suelo

por una ráfaga de balazos que cobró la vida de Gabriel Echeverría de Jesús y Jorge Alexis Herrera Campos. Cuatro 

normalistas más resultaron heridos y al menos cincuenta, aprehendidos, desaparecidos y torturados, como en el caso

de Gerardo Torrez Pérez, quien después de cuatro años denunció las irregularidades de su detención ante la Comisión 

Interamericana de Derechos Humanos.
¿Cuál es la excusa? ¿Por qué?  ¿Quiénes son los culpables? El análisis de estos cuestionamientos nos lleva a pensar 

que este clima de violencia es consecuencia de una serie de acontecimientos que han quedado impunes y que se repiten

una y otra vez.

 


En palabras de Marisela Echeverría de Jesús, hermana de Gabriel:

“Yo siempre he dicho y cada vez que nos entrevistaban, yo le decía al gobierno que sí él hubiera trabajado desde un 
principio, si hubiera habido justicia por los dos jóvenes del 12 de diciembre, ahorita no hubiera 43, ahorita no 
hubiera más muertos, pero desgraciadamente no ha habido justicia y constantemente sigue habiendo más y más, pero 
tenemos esa fortaleza y siento que algún día tiene que haber justicia.”


Estudiantes de la Normal llevaban a cabo una protesta en la Autopista del Sol, carretera México – Acapulco para exigir 

al gobierno los recursos necesarios para cubrir las necesidades mínimas de las instalaciones de la escuela, hogar de 

los estudiantes; por ejemplo, reparación de baño y dormitorios, el aumento de los 35 pesos destinados para las tres 

comidas diarias, el aumento de la matrícula (de 140 a 170), el cambio al requisito de admisión de 8 de promedio a 7

para que más hijos de campesinos tengan acceso a la educación . Estas demandas se sostienen, año con año, pues las 

autoridades no han atendido a los llamados, por el contrario, utilizan la represión para disuadir y criminalizar la 

lucha de los normalistas. Demandas que fueron razón suficiente para que Ángel Aguirre Rivero, miembro del partido de la 

Revolución Democrática (PRD) y gobernador del Estado de Guerrero en 2011, diera la orden a la Policía Federal, Estatal 

y agentes municipales de disparar, torturar y asesinar a los estudiantes.


Queda claro que para el Estado la protesta es un crimen, un mal para la riqueza de la nación.


Dos cuerpos desfallecidos cayeron al suelo, tres impactos de bala calibre 7.62 para rifle G.3 destrozaron el rostro de 

Gabriel y durante aproximadamente 20 minutos más el eco de los disparos invadió la zona cercana al río Huacapa.

La noticia de la masacre de dos jóvenes sin rostro y sin nombre se dio a través de la televisión, de internet y de los 

periódicos. Algunos medios informaron que los estudiantes formaban parte del crimen organizado para justificar la 

brutalidad de la policía; otros medios trasmitieron alarma e indignación.


El discurso del Estado criminaliza a las futuras maestras y maestros, les llama delincuentes y  bajo este pretexto les 

arrebata  la vida, gozando siempre de total impunidad. Tratan de sostener una ilusión de seguridad para el pueblo pero 

lo único que hacen es servir de empleados al crimen organizado y a corporaciones trasnacionales que saquean recursos, 

solapando la apropiación de éstos, del trabajo de los campesinos, así como el despojo de sus tierras.

La Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa cumple 91 años desde su fundación. Ha sido una piedra angular, 

reflejo de un proceso en el que  los poderosos  se han empeñado en imponer una identidad basada en la guerra y en ese 

panorama de violencia, los pueblos indígenas han sido discriminados, desplazados, asesinados y la educación  les ha sido 

negada. Ante el afán de hacerse llamar un país democrático, el Estado ha reconocido a estos pueblos únicamente a nivel 

legislativo, pero en la realidad les ignora sistemáticamente.


La resistencia de las normales rurales se fue formando, fortaleciendo, complejizándose, y ahora la realidad que podemos 

ver, es la de un México construido a base de la sangre de la gente que ha buscado un bien en común: vencer el hambre y 

la ignorancia.


La memoria de Gabriel  Echeverría de Jesús y Jorge Alexis Herrera Campos, asesinados en 2011, de  Freddy Fernando Vásquez

 Crispín  y Julio César Mondragón Fontes asesinados, en 2014, de Jonathan Morales Hernández y Filemón Tacuba Castro,

 asesinados en 2016, revive en la normal. Sus familiares nos comparten  su sentir en  la  Conferencia de Madres y Padres 

de Familia de Estudiantes Caídos de 1988 al 2016, actividad dentro del 91 aniversario, en la que quedó claro que más que 

una celebración, se trata de una reflexión urgente respecto de los tiempos críticos en los que la mal llamada “guerra 

contra el narcotráfico” nos atraviesa. Es una guerra en contra de los disidentes que piden  una vida digna y exigen 

justicia. “No es una celebración, porque tenemos muertos y nos faltan 43”, afirman los normalistas.


La familia de Gabriel narra sus experiencias, apoyados por fotografías de la infancia de su hijo:


“Él decía que iba a prepararse para ayudar a la gente pobre porque él quería ser doctor para ayudar a la gente pobre, 
pero con la casualidad de que no llego ahí, esos eran sus sueños de él. Aquí podemos ver una foto donde está en la normal, 
a él le gustaba jugar”, comenta el señor  Gabriel Echeverría Huerta, padre de Gabriel.

“Este machete con el que él iba a las actividades, cuando él estaba en primer año, se lo dieron en Atenco, cuando él
 falleció, no los trajeron a nosotros como recuerdo que él dejo por allá”,  agrega  Marisela Echeverría de Jesús, 

hermana de Gabriel.


Casi al finalizar, la mamá de Gabriel, María Amadea de Jesús Tolentino, nos comparte algo con honestidad:

“Más que nada, no se le desea a nadie porqué es doloroso  perder a una familia, más sin hacer nada, más que luchando,
estudiando pues. Se le daba por estudiar y pues eso no, a nadie se le desea porque la persona;  aquél que quiere 
luchar por un bien para él, no está bien ¿atacarlos? Porque fueron atacadas  por pedir las matriculas,  comedor, 
colchonetas porqué él me decía: mira mamá parecer perritos, duermen en el suelo y estamos pidiendo que tengan una
 colchoneta para que no que duerman en el suelo, dice él: esperaremos que se cumpla, pero el gobierno siempre madre,
no somos bien vistos, no sé qué piensan en contra de nosotros. Cuando ellos se fueron ya estaban atacados por 
federales porque es una guerra, pero deberás para que digas federales, estatales ahí fue un… ¡muy mal pues! fue muy 
feo y uno no lo quiere recordar porque fue muy triste su vida.  Desde ahí no han dejado de matarnos, ahora imagínate,
se han visto muchas cosas, si hubiera visto justicia, esto ya hubiera parado, pero ahí vamos con muertos y 
estudiantes luchando por un bien, quitándoles la vida, pero como somos tan pobres yo creo que les hacen más justicia
a los rico que a los pobres, pero sí, cuando campaña, quieren todo, que sí, que la foto para que ganen ¿para qué 
quieren ganar, para que se rían de uno?” Los masacrados de Ayotzinapa viven en nuestra lucha, no se olvida que los 
culpables deben pagar por los asesinatos de los estudiantes que han defendido la permanencia de las normales rurales 
en un país donde la educación es un derecho, aunque muy lejos de poder ser ejercido por todos.


Para concluir, les compartimos un vídeo para no olvidar, para seguir exigiendo justicia, para no ser cómplices y 

hacer el trabajo de los represores, para no otorgarles la impunidad.


Una forma de solidarizarse con la familia de Gabriel, es apoyándoles económicamente. Pueden dejar sus aportaciones 

en el siguiente número de cuenta para que la familia pueda salir adelante y pueda seguir exigiendo  justicia.

/Bancomer/ 4152 3131 7961 2739 / Gabriel Echeverría Huerta/






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