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Sus manos grandes, sus dedos ásperos rompen la cáscara del tamarindo, lo hace con tanta facilidad y diligencia; cobijados bajo la sombra de un árbol, Don Miguel recuerda que en su juventud perteneció a un grupo musical, desde entonces las canciones, las armonías y el cantó forman parte importante para su vida, tanto que escribió un corrido a su hija Bety Cariño, a 11 años de su asesinato. Años de impunidad, los mismos en los que cosechamos un poco de lo que sembró Bety en el “Encuentro contra la represión y por la vida”, el cual forma parte del “Homenaje a la defensora de los derechos humanos Alberta Cariño Trujillo”.

Durante el encuentro que contó con la presencia de decenas de movimientos sociales de la región y del país, como el Comité de Víctimas “19 de Julio de Nochixtlán Oaxaca” (COVIC); compañeros anarcopunks de Huajuapan de León, Elia Tamayo Montes, madre del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, quien fue asesinado por la represión policíaca cometida en Chalchihuapan; así como, la familia y los compañeros de Salvador Olmos –Chava-, compañero de la Radio Comunitaria T’un Ñuu Savi “La palabra del pueblo de la lluvia”, quienes sufren la interferencia de su señal, misma que fue crucial en la batalla de Nochixtlán. En ese mismo espacio de encuentro estuvo la comunidad de San Francisco Xochicuautla, quienes resisten desde hace 10 años en contra de la destrucción de sus tierras por la amenaza constante del proyecto de construcción de la autopista Toluca-Naucalpan, por mencionar a algunxs.

Chila de las flores es un pequeño municipio enclavado en la Mixteca Poblana, a unos minutos de Oaxaca; las costumbres, las tradiciones y la comida son propias de la nación Mixteca. Después del encuentro, las y los asistentes se dirigen al panteón de la localidad dónde se encuentra sembrada Bety. Con antorchas, flores y milpas, que uno a uno de los asistentes depositan después de dedicarle hermosas palabras, todxs con el corazón apachurrado: sus amigos más entrañables, quienes cada año la recuerdan, instaron a no sólo “quedarnos tristes por nuestros amigos que son asesinados por el estado y, pasar de las lágrimas, al ahora, al momento”; idea que Bety repetía y que la convirtió en un ejemplo para comunidades, regiones y personas de diferentes latitudes.

Durante los últimos cuatro años – en el “Homenaje a Bety Cariño”- se han reunido en Chila de las Flores decenas de personas de diferentes movimientos sociales como: los familiares y compañeros de los 46 estudiantes asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa en 2014; familiares de Mariano Abarca, defensor de la tierra en Chicomuselo, Chiapas, asesinado por una empresa minera en 2009; compañeras de las Abejas de Acteal, familiares de los 45 compañeros masacrados por paramilitares en los Altos de Chiapas en 1997; las madres de las Fuerzas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, quienes buscan a sus hijos entre las fosas clandestinas resultado de la guerra del narco-estado; compañeros de Octavio Acuña, activista por los derechos sexuales y reproductivos en el estado de Querétaro, asesinado en 2005; asimismo, familiares de Venancio Queupumil Cabrera, médico y activista asesinado por un comando armado en Cuautitlán Izcalli en 2016 (Comunicado, Encuentro, 2017).

El pasado 27 de abril se cumplieron siete años del asesinato de nuestros compañeros defensores de los derechos humanos: Bety Cariño tenía 37 años, era indígena de la región mixteca de Oaxaca, activista y directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS). Participó de manera activa en La Otra Campaña convocada por el EZLN, en la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO), en la Red Mexicana de Afectados por la Minería (Rema), en la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos (AMAP) y otros muchos espacios de lucha nacional en México.

Jyri Jaakkola tenía 33 años, de nacionalidad finlandesa, colaborador de Uusi Tuuli (Viento Nuevo) organización finlandesa sin fines de lucro, cuyo objetivo es promover la solidaridad internacional, acuerdos económicos internacionales “justos”, la paz y el entendimiento mutuo entre pueblos y naciones.

Bety y Jyri fueron asesinados en una emboscada realizada por miembros del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), en alianza con integrantes de la Unidad para el Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort), cuando se desplazaban con la caravana humanitaria, la cual se dirigía a San Juan Copala, comunidad indígena de la zona Triqui de Oaxaca. El ataque se dio a la altura de La Sabana, poblado priísta dominado por la Ubisor. Por más de 48 horas no se supo nada de David Venegas y Noé Bautista Jiménez, integrantes de la organización Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (VOCAL), ni de los periodistas del semanario Contralínea, Érika Ramírez y David Cilia, quien fue herido de bala. El hecho dejó dos muertos –Bety y Jyri- y más de 20 heridos.

13 victimarios están plenamente identificados, sin embargo, sólo tres se encuentran en la cárcel, hasta ahora. Los presuntos responsables de los homicidios son: Anastasio Juárez Hernández, Antonio Solano Vázquez, Juan Macario Bautista Martínez, Antonio Cruz García y Julio César Martínez Morales, este último, actualmente es funcionario del municipio de Juxtlahuaca. También están involucrados Silvino Ramírez López, Daniel Martínez López, Elías Cruz Merino, Antonio Cruz Merino, Bernabé Santiago Cruz (quien trabaja como promotor en la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) y Ramiro Domínguez García; además de Rufino Juárez, preso sin sentencia en Oaxaca. Sobre cada uno de los perpetradores existen órdenes de aprehensión.

El triqui Mauro Vázquez Ramírez, presunto implicado en la ejecución de los defensores de derechos humanos, es la detención más reciente sobre este hecho. Vázquez Ramírez fue detenido en Sinaloa, posteriormente, trasladado a Oaxaca y presentado ante la autoridad judicial del distrito de Huajuapan, donde era requerido.

Un mes después de la emboscada, hombres armados asesinaron a Timoteo Alejandro Ramírez, líder triqui de la comunidad de Yosoyuxi y a su esposa Cleriberta Castro. Alejandro Ramírez fue uno de los principales impulsores del Municipio Autónomo de San Juan Copala, Oaxaca.

La espiral de violencia en la zona y la impunidad que prevalece, ha forzado el desplazamiento de cientos de triquis a las ciudades de Oaxaca, Querétaro y a la capital del país, principalmente. Ante este clima de violencia, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha otorgado medidas cautelares a 135 personas.

El paisaje desértico es característico de la Mixteca, el sol es inclemente, la flora y la fauna son escasas, a lo largo del camino se observan majestuosas cactáceas que, imponentes, se yerguen sobre la árida superficie; de los cactus crecen, cada temporada, una fruta endémica de la Mixteca: la pitaya. Fruto parecido a una tuna, pero roja y con sabor más intenso. La pitaya es la comida favorita de las aves que sobreviven en la reserva de la Biosfera.

Bety Cariño era la Pitaya Roja, como cariñosamente le llamaban sus amigos. En cada homenaje suyo aparecen nuevas pitayas; si la sembramos, sus frutos cada vez serán más visibles de Oaxaca hasta Chiapas; desde la Ciudad de México hasta el país Vasco.

Bety, hermana Mayor, algunos no tuvimos la suerte de conocerte, pero en cada uno de nosotrxs, reaparece la lucha de los pueblos, de las organizaciones, la voz de las mujeres indígenas. ¡Bety vive en cada una de ellas, de ellos. En cada uno de nosotros!

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