Las Asesinadas

Justo hace poco más de una semana una representante del estado de Puebla leía este texto en el Poetry Slam Feminista…

Las Asesinadas

El silencio de una calle muda que pierde la voz ante la indolencia y nubla la luz que se vuelve tenue esconde el delito que siempre ha sido ser MUJER, mujer joven o niña, madura o en vejez, mujer de pechos grandes, caderas caídas o de curvas angustiosas que en el mercado valen más que pensar y saber Con cuerpo o no de mujer con calidez de rostro o la facha deshecha por la adultez, no importa, realmente no importa.

Mujer negada, borrada, tiernamente muerta en manos de su propio cuerpo, del ser que le miente haciéndola sentir culpable.

La mujer que camina a solas que teme que llegue hasta ella lo que el estereotipo ha enseñado a la gente que gana quien levanta la cabeza.

La madre que espera con pesadumbre que se abra la puerta en la noche tardía y traiga con el baile de la luna llena el rostro alegre de la hija perdida.

Mujer hermana, cuyo rostro se inunda se vuelve laguna de agua salada que busca y llama, que escucha y calla la voz silenciada de la única compañera de juegos hoy vuelta un número de denuncia en oficina burocrática.

La hija que observa un rostro infante en el espejo de la duda de crecer en un mundo donde es Objeto de deseo y muerte.

No han muerto, han sido asesinadas.

No son historias contadas en la radio, son mujeres de carne y hueso, mutiladas, arrojadas sin culpa a cualquier acantilado, deshechas una y otra vez desde el sexo hasta su ser, sepultadas en un escrito mal redactado, en las fotos que su rostro ocultan, en las declaraciones de unos cuantos testigos que se ocupan más del buen gusto del relato, de la moral falsa y duplicada, aquella que pide justicia, solo si era soltera y abnegada.

Rotas, mil veces rotas por la falsa conciencia que las calla hechas trizas aún después de muertas Asesinadas, asesinadas bajo el manto del amor romántico.

Asesinadas en calle vacía o bajo la muchedumbre que sentencia: fue por puta, fue por no saber quedarse callada.

Asesinadas sin culpables.

Asesinadas sin justicia.

Asesinadas, pero nunca ausentes.

En noches como ésta donde otra mujer las recuerda, las nombra y las vuelve a la vida, cuando el “ni una más” hace eco en las voces de muchos cuando la muerte no puede llevarnos a todas, las asesinadas de aquí y de otras geografías, las asesinadas que somos todos si seguimos negando que en algo somos culpables si la número sesenta llega esta semana…

Diana Karina Mantilla Gálvez

 

La número sesenta llegó: Leer nota